miércoles

¿Tenemos un rechazo natural al cambio?


Vivimos en un mundo de cambio constante. Como me gusta esta frase. Es un clásico de arranque, por ejemplo, en multitud de libros de innovación. Vale, la teoría la comparto, pero aunque vivamos en un mundo de cambio ¿Cambiamos las personas a la misma velocidad?

Estudios muestran que el numero de personas que cambian su comportamiento ante conductas adictivas u obsesivo compulsivas, incluso cuando hay riesgo para su vida, es muy bajo. Me arriesgaría a decir que como 1 entre 10.

¿Qué pasa en una empresa? ¿Qué sucede cuando alguien propone algo fuera del orden establecido?

En las organizaciones, las conductas, actitudes y pensamientos que entran dentro de la categoría "Aquí las cosas se hacen así" implican respuestas casi intuitivas y tienen características similares a las fijaciones obsesivo compulsivas. No se cuestionan y se realizan de forma automática (modo zombie).

Las personas ocupadas en el rechazo tienen además la dificultad añadida de tener que seguir dando respuesta a los retos del cotidiano. Para compararlo con una conducta cotidiana, el rechazo a lo diferente se puede volver bajo determinadas culturas organizativas una forma de actuar tan automática como conducir o andar. Nadie se plantea que pueda hacerse de otra forma.

Para tener una foto completa, suma a esta situación que, según la neuropsicología, el aprendizaje de nuevos hábitos o el procesamiento de información incoherente con aquella que ya conocemos supone al cerebro un esfuerzo mayor que la conducta de rechazo, mucho más rápida y tranquilizadora para la coherencia de nuestra imagen del mundo. Así que tenemos hasta a la naturaleza en contra.

¿Vemos los riesgos de actuar según nos lo dice el instinto o el hábito, sobre todo si las reglas de juego han cambiado?

Así que ¿No tenemos salvación contra nuestro primer impulso de rechazar el cambio? Como siempre, el control está en nuestra mano, si queremos hacer el esfuerzo de mantenerlo. 

Veamos algunos ejemplos sobre la forma de ayudar a alguien a aceptar el cambio con una mente más abierta:

1. Entrenamiento en varias habilidades genéricas:

Preparar a la persona para reconocer las emociones y actitudes propias de rechazo ante la idea  y que, aunque seguro que son "totalmente racionales y justificadas", impiden aceptar de forma abierta la información novedosa. 

Poner todo el foco en la escucha y la captación de la información siguiendo la teoría del Flujo, disfrutando de la experiencia de captar información.

Centrarse en identificar puntos en común. Si no eres capaz de encontrar el doble de puntos en común que de discrepancia, posiblemente estás influido por filtros negativos.

2. Identificar el tipo de situación de cambio que afrontamos: Si es un problema real (sobre el que hay que trabajar y no se conoce la solución), es un punto de elección (se trata de elegir entre varias alternativas posibles ya conocidas) o es una información a acatar, sin posibilidad de debate.

Evidentemente, la forma de solucionar cada caso, si procede, es distinta.

3. Repetir. Repetir y repetir para consolidar el hábito.

Ser conscientes de nuestra actitud ante el cambio nos permite funcionar de manera eficiente conforme evoluciona nuestra vida profesional como profesional. Si además somos líderes de equipos o nuestro oficio está ligado al desarrollo de personas, creo que tenemos la responsabilidad de ofrecer a otros las herramientas necesarias para su propia gestión del cambio.

Toda técnica sencilla y que refuerce la creación de criterio, seguro que será bienvenida.