lunes

¡Tu lo que quieres es que me coma el tigre!

Me apunto a un programa de talento, me leo un libro de management, me coge por banda uno de mis jóvenes amigos de la universidad que se ha hecho un curso online y ahora es coach (¡Alehop!... De ellos ya hablaré) y ponen mi lavadora mental en marcha: "¿Cuánto hace que no desarrollas alguna de tus competencias? ¡Te estás quedando obsoleto!" Con esto del 2.0 todos me hablan como si fuese un Tablet con MSDos.

Pues vaya.

Yo insisto que lo mío es el modelado: que yo me fijo en los demás y aprendo de ellos lo bueno y lo malo. Que intento imitar lo bueno de otros y tratar de ser más o menos coherente con mis valores, cuidar de los míos y ser feliz sin fastidiar demasiado a los demás. Y que día a día fallo en llegar a todo. Pero para ellos no es suficiente.

"Eso es porque no te estructuras", me dicen "Debes seguir un método. Necesitas analizarte con (inserte siglas: PNL, GTD, MBTI, NEO-PIR, DISCUS...)". Y al final me lían. "Búscate una competencia a desarrollar, y yo te ayudo". Como quién va a un gimnasio o a correr por las mañanas. Y generalmente con las mismas consecuencias.


Ante procesos de mejora, propios o ajenos, siempre me pregunto o pregunto a otros si debo potenciar aquellas competencias en las que me siento fuerte o centrarme en las que me fallan. Y mis amigos siempre me ofrecen razones para la alternativa que no he elegido, a saber:

- Opción 1: Necesitas desarrollar tus carencias. Si no lo haces, es como construir una casa por el tejado. Hay una serie de habilidades básicas que todos debemos poseer para el éxito (5 disciplinas, 7 hábitos...) sin las que el avance personal es ineficiente.

- Opción 2: Necesitas potenciar aquello que ya dominas. Tu tiempo de desarrollo es limitado. Es el único camino para pasar de bueno a excelente. Si te centras en tus puntos débiles solo puedes llegar a estar en la media en todo. Nunca destacarás.

Total que todos se centran en determinar el criterio para elegir la mejor competencia y en la herramienta más fiable (o de moda en ese momento)... Y nadie me pregunta "Pero tú... ¿Qué quieres para ti y para los que te importan en la vida?" Porque al final esa es la cuestión ¿no?. Si enuncias eso con claridad, tienes el patrón del traje que quieres confeccionar.

Pues les cuesta verlo. 

Dicen que quien tiene un martillo solo ve clavos. Y muchas veces en los programas de desarrollo de directivos nos centramos más en el cómo hacerlo o en el objetivo de empresa que en la necesidad del participante. No digo que haya que obviar lo primero... Pero sin responder a lo segundo será muy difícil lograr la motivación, el compromiso y el esfuerzo adicional que requieren estos programas.

Conclusión: Voy a dejar de hacer caso a mis amigos. Al menos por un par de días. Al fin y al cabo, son mis amigos y aprendo de ellos constantemente.