viernes

Mama, ¡Quiero ser artista!

Constato con curiosidad como de un tiempo a esta parte más y más personas están focalizadas (y casi obsesionadas) con todo aquello que les permite lograr el éxito o reconocimiento (logre 1000 followers en una semana, transformesé en el nuevo Steve Jobs), si es posible en poco tiempo (y cueste lo que cueste).

Motivación al logro u orientación a resultados, lo llaman en algunos círculos. Competencia ampliamente valorada en los procesos de selección. Pero potenciada en exceso... ¿Sigue siendo una actitud sana para la persona y positiva para la empresa?

Uso la palabra obsesión porque en mi opinión un interés se torna obsesión cuando dejas de lado otras cuestiones que, en otras circunstancias, serían también importantes para tí (el resto de personas de la organización a la que perteneces, por ejemplo).

Temo que centrarse en conseguir el éxito de forma prematura (incluso aunque sea puntualmente merecido por un gran proyecto o unos excelentes resultados) coloca a las personas y las empresas en una situación complicada.

El crecimiento puntual en lugar de progresivo tiene amplias posibilidades de generar en la persona zonas ciegas (incapacidad para ver efectos colaterales no relacionados con los resultados) o consolidar necesidades impuestas desde fuera (debo mantener este nivel de exigencia o estoy fracasando).

Y lo peor es que esto genera contradicciones: Es habitual que la persona que todavía no ha alcanzado el éxito lo desea a toda costa. En el otro extremo, no es extraño oir al trabajador de éxito que hecha de menos tener más tiempo con su familia (Los que hayáis impartido cursos de desarrollo personal estaréis familirizados con esta historia). En la empresa sucede igual: La empresa pequeña solo quiere ganar cuota de mercado. La empresa grande solo desea agilidad y pequeños equipos autoliderados.

La cuestión no es crecer todo lo que puedas, sino un crecimiento sostenible y orientado: Requiere mucho valor y humildad bajarse del podio una vez te has (o te han) subido. O una dura caida cuando alguien te tira de él. En el caso de las empresas, generalmente requiere despidos y reducciones traumáticas.

Si tuviese que plantearme hasta dónde crecer o si tuviese la oportunidad de crecer (como empresario o como persona) creo que antes me haría las siguientes preguntas: En mi posición actual ¿Estoy dejando una huella en mí o en otros? ¿Este producto cambia la vida de alguien? ¿El punto en el que estoy cierra una parte de mi biografía?

Y antes de focalizarme en el logro, analizaría primero qué es lo que realmente necesito. Qué da sentido y energiza mi vida.

2 comentarios:

Vincent Mouchart dijo...

Me gusta tu post Isidro, y me gusta particularmente tu conclusión, que primero hay que pensar en lo que realmente queremos en nuestra vida...
Muchas personas piensan que el éxito profesional les hará feliz en su vida, y una vez logrado se dan cuenta que no son felices, porque no han apoyado la escalera a la buena pared, porque han dejado atrás amistades, no han dedicado tiempo suficiente a su familia, etc, etc...
Así que es muy importante pensar en serio a lo que queremos de verdad en nuestra vida, cual es nuestra "brújula" interior.

Isidro Rodrigo de Diego dijo...

Tienes toda la razón, Vincent.

¡Que importante y decisivas son ciertas elecciones vitales y profesionales! Y en determinados casos nos obligan a hacerlas sin tener la madurez o la información suficiente o de manera irreversible sin opción a "probar antes de comprar".

Debemos defender nuestro derecho a elegir, equivocarnos... y poder cambiar.

Gracias por el comentario.