jueves

Los músicos del Titánic

En esta semana he escuchado nombrar dos veces a los músicos del Titanic. Al parecer los pobres (o no, según se mire), pese a la que estaba cayendo, seguían tocando contra viento y marea (perdón por la desafortunada elección de palabras)... ¡Menudo ejemplo de compromiso con la organización!

¿No?

No sé si la historia será cierta, pero resulta que ahora cuando algunos compañeros me cuentan ciertas actitudes de personas de sus empresas (o lo veo en la mía, que nadie está libre de pecado), me imagino a esas personas con la chaqueta abotonada y la gorra marinera de músico del Titanic



El músico del Titánic, ante un proyecto o petición el primer análisis es si "eso aquí puede hacerse" y sisi "tengo que hacerlo yo" ¿Soy yo el responsable de esto? ¿Me permiten hacerlo los procesos establecidos? ¿Se ha hecho alguna otra vez? ¿Cuánto me cuesta? ¿Quien lo pide?. Si todas las respuestas obligan a la acción (que ya sería mala suerte), entonces la jugada es ceñirse estrictamente a la partitura, a lo que se ha pedido.

¿No sería más fácil evaluar cuál es el sentido al que sirve el proyecto? ¿Si es noble, positivo, si engrandece a tu organización? ¿No te será más fácil comprometerte si respondes a esta incógnita? Si, cierto: Quizás te obligue a improvisar una jam session.  O incluso cambiar de oficio. Y esto casi siempre acojona.

Y mientras ellos tocan su sinfonía verbal, totalmente comprometidos con el orden y los procesos establecidos, muchas veces la empresa zozobra. Por pura inercia y, eso sí, muy ordenadamente.

Esta actitud se combina con el síndrome de Pedro y el Lobo: Un día sin otro aparecen por los pasillos de tu organización personas voceando la solución a todos nuestros problemas: "la reorganización hipereficiente", "el modelo japonés del máximo resultado con el mínimo esfuerzo" o "integre los valores de nuestra cultura con el método Matrix", tampoco faltan los agoreros que no se centran en la solución sino en el problema, manejan la rumorología de pasillo y se alimentan de ella... sobre todo de la negativa.

Total, que recibimos tantos estímulos / teorías que al final no se cumplen que acabamos haciendo como con los anuncios de la tele: Ponemos el automático (modo zombie on) e intentamos que nos afecte lo menos posible.

Hasta que resulta que la realidad nos muerde. Porque una cosa es aislarte de lo que se dice y otra tener una visión crítica de lo que se dice (que no significa criticar en todas direcciones, sino poner a prueba las cosas frente a nuestros valores y los hechos).

Queridos músicos del Titanic, tengo la sospecha que esta vez el Lobo es muy real... Y no tengo claro que la música amanse a las fieras.

Buena sinfonía