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La obra Un Dios Salvaje”, de Yasmina Reza (en su adaptación de Jordi Galcerán, dirigida por Tamzin Townsend y brillantemente interpretada por Pere Ponce, Maribel Verdú, Antonio Molero y Aitana Sanchez Gijón y que recomiendo a todos junto con "Art") tiene muchas interpretaciones, desde la fotografía egoísta del hombre hasta el papel de lo “políticamente correcto” en las relaciones entre adultos.
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En mi interpretación subjetiva de la obra yo prefiero entender que debemos ser especialmente prudentes cuando enjuiciamos las acciones de otros. Resulta sencillo caer en la simplificación de las intenciones, en el discurso moralista o en la clasificación del otro con adjetivos más o menos acertados.
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La obra de Yasmina Reza (siempre en mi opinión) nos recuerda constantemente que al final todos nos movemos por grandes caminos comunes, no tan diferentes al fin y al cabo, y que dedicarnos a decidir si “el otro” lo hace bien o mal puede estar desviándonos de nuestro verdadero objetivo vital, que es recorrer nuestro propio camino (susceptible también de ser criticado).
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Comparto el modelo de motivaciones más reciente de Martin Seligman, que marca tres grandes “fuentes de energía” que orientan la conducta:
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La búsqueda del Placer, donde el criterio que guía tus decisiones será el estimulo positivo (o negativo) que conlleven a corto plazo. Todo desarrollo de habilidades sirve para ser (o estar rodeado de) más bello, mejor alimentado, más satisfecho físicamente… Desde el baremo de cada uno.
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Es fácilmente detectable cuando nos movemos en este camino ya que la obtención de los estímulos positivos o no genera fuertes emociones asociadas fácilmente detectables.
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La búsqueda del Objetivo Personal, donde el criterio de conducta se aleja en el tiempo y responde a nuestro propio proyecto personal y profesional.
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La búsqueda del Compromiso, donde la motivación proviene de un proyecto mayor, que trasciende al individualismo del párrafo anterior (si bien las fronteras pueden ser difusas).
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La genialidad de Seligman, a mi parecer, está en argumentar que la consecución de la felicidad pasa por un adecuado equilibrio entre los tres caminos, y no en ir abandonando cada uno a medida que “ascendemos” hacia los otros.
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Es más que recomendable, en esos pequeños momentos que nos dedicamos a nosotros mismos, evaluar cuánto hemos dedicado a transitar por cada uno de estos caminos, y si estamos guardando el equilibrio adecuado.